Frank Sinatra fue detenido en Torremolinos y juró no volver a España
Septiembre de 1964 · Torremolinos
Era el 16 de septiembre de 1964 cuando Frank Sinatra aterrizó en Málaga en jet privado —fue, junto a Elvis Presley, pionero en estas lides— para rodar El coronel Von Ryan, el clásico bélico que narra la huida de prisioneros aliados durante la Segunda Guerra Mundial. El rodaje tuvo lugar en los escarpados parajes del desfiladero de los Gaitanes y los túneles de El Chorro, con escenas sobre las vías del tren que tuvieron que rodarse sobre la marcha ante la negativa de las autoridades a detener los convoyes.
La estrella y el equipo de producción se alojaron en el Hotel Pez Espada de Torremolinos, entonces emblema del lujo y el glamour internacional en la Costa del Sol. Por sus salones habían pasado la princesa Soraya de Irán, Charlton Heston, Anthony Quinn, Orson Welles, Elizabeth Taylor, Sean Connery, Alain Delon y Sofía Loren. Era la quinta vez que Sinatra pisaba España. Ninguna de sus visitas había estado exenta de complicaciones.
La noche del incidente, en La Parrilla del hotel, el fotógrafo Juan Francisco Avellaneda, del diario Pueblo, captó de improviso a Sinatra en un brindis con la actriz cubana Ondina Cañibano —quien se había confabulado con el paparazzi— en una imagen que daba a entender algo más. El flash encendió la mecha. Lo que comenzó como un altercado terminó con una copa estrellada, forcejeos y, según algunas fuentes, puñetazos. La cámara del fotógrafo quedó hecha añicos.
Sinatra fue conducido al despacho del director del hotel, Robert Aletti, quien intentó calmarlo. Pero al ver el retrato oficial de Franco colgado en la pared, La Voz estalló: comenzó a proferir insultos y le lanzó un escupitajo al cuadro. Se avisó al comisario de Málaga, Eugenio Barranco, quien ordenó la intervención de la Policía Armada.
Al día siguiente, los agentes acudieron al hotel para tomar declaración al ganador del Oscar al Mejor Actor de Reparto por De aquí a la eternidad. Sinatra se encerró en su habitación, se negó a hablar, trató de ejercer su influencia a través de la embajada estadounidense en Madrid y la Secretaría de Estado de Washington, y comparó a los agentes con la Gestapo. Acabó detenido, multado con 25.000 pesetas por desacato a la autoridad y obligado a abandonar España vía París rumbo a Estados Unidos. «Nunca volveré a ese maldito país», se asegura que declaró al marcharse.
El jefe de producción de la película, Eduardo García Maroto, logró negociar con el comisario Barranco para que Sinatra pudiera terminar de rodar algunas escenas en tres o cuatro días antes de su salida definitiva.
Documentos desclasificados del Archivo Histórico Provincial de Málaga revelan que la sanción «tuvo buena acogida en la opinión pública, más que por el incidente en sí, por el clima de fobia que contra todo lo norteamericano reinaba en aquellos días». Sinatra envió a Franco un telegrama que pasó a la historia: «Felicidades en el veinticinco aniversario de su benevolente régimen. Muérase».
Pero acabó rompiendo su juramento: regresó a España para un concierto en el Santiago Bernabéu en 1986 —donde la escasa venta de entradas obligó a regalar 16.000 localidades a miembros de la Policía Nacional y militares de Torrejón— y volvió una vez más en 1992, con paradas en A Coruña y en una Barcelona olímpica. Hoy, la cafetería del Hotel Pez Espada se llama Frankie's Café en su honor.
Fuente: El Confidencial →
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